Etapas

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Imagen: Jules et Jim. (Henri-Pierre Roché).


Corríamos. Solo sé que corríamos sin necesidad de correr. No huíamos, no nos perseguían. Ni siquiera eran malos tiempos. Corríamos tan solo movidos por las ganas de correr. Entregados al querer. Querer llegar, querer reír, querer exprimir cada minuto de vida.

Sabíamos que sería la última vez que correríamos los tres. Los caminos se separan en el momento que deben separarse. John volvía a Irlanda, Steve preparaba las maletas rumbo a Berkley. Y yo...
Yo había decidido no acompañarle. No vivir su sueño. Algunos me preguntaban cómo era capaz de dejar pasar el amor. Como si el amor fuera algo perecedero. Único. “¿Y si es el hombre de tu vida?” Me decían mis amigas. A lo que yo respondía:
Si es el hombre de mi vida, retornará a ella. Me debo a la mujer que habito.

“Estás tonta”, “es el hombre perfecto”...

Perfecta es esta edad que tengo y que no volverá. Perfectas son las oportunidades que por otros, dejamos pasar.

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