Tiempos raros para el amor

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                                                                                                     Imagen: Tim Walker


Él se llamaba Fred y era el director de una pequeña compañía de teatro. Ella se llamaba Linda y usaba su vieja cámara para mirar un mundo que no la comprendía. Ambos nacieron para encontrarse.

Fred encontró a Linda una tarde en el ala psiquiátrica del hospital de Canterbury. Encerrada por loca, ella robaba los periódicos de los visitantes para hacerse sombreros. Aquella tarde había teatro.
Ella hacía fotos mientras Fred se enamoraba de cada centímetro de su cuerpo menudo.

Se casaron en el jardín del hospital, de riguroso blanco como mandan los cánones. Fred se comprometió a amarla en la salud, pero sobre todo en la enfermedad. Consiguió el permiso de los médicos para sacarla de su encierro y así fue como Linda pudo contemplar el mundo a través del objetivo de su cámara arropada por el papel de su original sombrero.

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