Mi amiga la ballena

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                                                                                Imagen: Fernando Ramos


—Siéntese, por favor. ¿Es la primera vez que acude a terapia?
—Es la primera vez que me obligan a hacerlo.
—Eso no responde mi pregunta, señorita. Para que esto funcione tiene que responder de forma concisa. ¿Es la primera vez que acude a terapia?
—No.
—Por lo que veo, no le sirvió de mucho. Persiste en afirmar que tiene como mascota a un cetáceo.
—Yo no tengo mascotas. Tengo una relación especial con una ballena, con la que tengo el honor y el placer de nadar todos los días.
—Eso no es posible.
—Lo que usted diga. ¿Puedo irme ya?
—Le recuerdo que está aquí por orden de un juez para sustituir la condena impuesta por terapia. No creo que deba recordarle que ha atacado a un grupo de bañistas.
—Ellos atacaron primero. Yo solo hice lo que tenía que hacer. Proteger a los míos. Los seres que amo. Cualquiera con dos dedos de frente lo hubiera hecho. Pero ellos se libran y yo tengo que hablar con usted qué piensa que estoy loca desde que me senté en la silla. Juzgan sin saber porque tienen la mente estrecha y cuadriculada. Tienen que verlo todo para creerlo y cuando lo ven, entonces sospechan que es falso. Nado con una ballena, la cual me respeta tanto como yo a ella. Y eso es más de lo que puedo decir de los humanos con los que me cruzo a diario. Es mi mejor momento de cada día. Si quiere puede venir conmigo, tendrá que nadar en alta mar, tendrá que dejar los prejuicios y tendrá que ser respetuoso con ella y con el mar. Entonces juzgará si estoy loca o los locos son los que se lo pierden...

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