Temor

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Jamás pensé que te vería partir. Que te irías de mi lado sin poder retenerte. El dolor fue tan intenso que enloquecí y lloré, tanto que me quedé seca. Y me enjugué las lágrimas. Y grité de dolor, y sentí como si unas afiladas uñas desgarraban mi corazón abandonado. Y dejé de luchar y perdí. Perdí en todos los sentidos, perdí las ganas de vivir. Y en ese momento, cuando tenía que elegir si continuaba viviendo hundida en la desolación o aprendía a ser sin ti, la única opción posible fue congelar el corazón. 
Tuve que recomponerlo y convertirlo en un trozo de hielo. Latía pero no sentía. No volví a entregarlo, no volví a amar, no volví a sentir la piel erizada por una caricia. Vagué por este mundo sin sentido, ni pasión y me convertí en un ser desconfiado y frío. 
Pasaron los años, cambié de ciudad y no recuerdo nada digno de recordar. Hasta que un día de otoño, mientras caminaba de vuelta a casa, una voz a mis espaldas pronunció mi nombre. Voz que hizo que mis pies se detuvieran en seco y el corazón se descongelara de golpe. Visualicé el deshielo como si fuera el Perito Moreno, las enormes placas se iban cayendo, dejando a la vista el latido acelerado de mi corazón. Sentía ganas de correr, alejarme de la persona que acababa de pronunciar mi nombre, pero su poder sobre mí seguía estando intacto. Me convertí en una niña asustada y vulnerable. Las lágrimas llenaron mis ojos mientras sentía su mano en mi hombro. Y la piel volvió a erizarse después de tantos años. Giré y te vi, más viejo, pero tan tú. Había soñado tantas veces con ese momento, que dudé si era real. Y volvieron los miedos. ¿Qué hacías aquí? ¿Para qué me buscabas? Sentí pavor, angustia, emoción, alegría, todo a la vez. Pero a pesar de todo el dolor, tus ojos me hablaban y yo solo quería abrazarte. Dejarme llevar sin pensar. 
Abrí la boca y solo pude decir:
—Temo tenerte y perderme, pero temo infinitamente más... No tenerte.
Y me puse a llorar, incapaz de pronunciar nada más. Te acercaste y mientras me abrazabas, me dijiste que te equivocaste. Y te maldije, y nos besamos.

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