Sueños insomnes

By 6:26 ,

                                                                                              Imagen: Erik Johansson


Soñé con ser escritor desde que mi tía Gertrudis me regaló un ejemplar de Alicia en el país de las maravillas. Gertru vivía en Inglaterra, se casó con un señor de buena familia que llegó a ser embajador en Londres. Venían todos los veranos a la Costa Brava donde la abuela tenía una casita de veraneo. Gertru conducía un viejo y oxidado Volvo con el volante al lado contrario, le gustaba pisar el acelerador más de lo recomendable y la conocían en el pueblo como: la señora con cara de velocidad en el coche sin volante.

A ella le debo mi pasión por la lectura y mi primer best seller. Fue la protagonista de mi ópera prima aunque ella no pudo disfrutar del éxito que había causado su historia. Lo peor fue que no conseguí escribir nada decente después. Finito, mi carrera como escritor fue efímera y detestable. Me fundí las ganancias en cuatro días y lo perdí todo.

El día que tomé la decisión de terminar con mi miserable existencia, me encontré un trozo de pastel en la puerta de casa con una nota que ponía: cómeme.

Comí y me desmayé, al despertar aparecí en la puerta de Gertrudis que me llamaba desde la cocina, con su voz chillona y ese acento inglés que conseguía que la alegría me inundara el pecho nada más oírla...

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2 comentarios

  1. Buen, micro. Realidad y ficción se enredan como en la historia de Alicia, ese pastel simboliza la inflexión entre los sueños frustrados del escritor y lo que le hacía realmente feliz, la simple y cotidiana compañía de su tía. Me gustó. Saludos!

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    1. Muchas gracias David, wow poco más que añadir. Un análisis perfecto, gracias por leerlo y sobre todo por comentar. Un abrazo!!

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