Retazos de una decepción

By 4:44 ,

                                                                                     Imagen: Lorena Cosba


Se llamaba Manuel. Regentaba un bar en un pequeño pueblo del Valle de Arán. Era un bar tranquilo donde los senderistas cargaban las pilas para después continuar con sus rutas. Nos enamoramos en el año 1998. Fui una de esas senderistas que, por casualidad, entró en el Oasis de Manuel. Un segundo, solo bastó un segundo. Esa clase de conexiones son inmediatas; miras, salta una chispa, vuelves a mirar y te deseas sin control, ni medida.

Abandoné mi trabajo, mi casa y a la familia. Mi tierra natal y la poca cordura que tenía, para regentar junto a Manuel su pequeño Oasis.

Diez años después se abrió la puerta del bar y entró una mujer joven, llena de energía y de luz. En ese instante, en el que sus miradas se cruzaron, fui testigo de la chispa. Sin trabajo, ni vivienda y casi sin ahorros abandoné el precioso Valle de Arán.

He buscado ayuda y los pasos han sido claros:

"Una caja, un material frío y duro que no sea permeable. Una goma de borrar y una foto de cómo era el susodicho cuando le conociste. Borrar, borrar, quemar, aplastar y enterrar en un hoyo profundo".

No dejes de leer

0 comentarios