Una historia de amor

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Imagen: Quint Buchholz.


Fue curiosa nuestra historia de amor. Yo caminaba por el parque buscando flores moradas. Debían ser de ese color, pues es el único que me mantiene en calma. Las buscaba siempre que tenía que ir a cualquier sitio caminando, es por eso que nunca miraba los rostros de las personas que se cruzaban conmigo. Solo les miraba los pies y su forma de caminar.

Unos llevaban zapatos serios y caminares rápidos. Andares de personas que no se paran a mirar, ni a oler, ni a escuchar. 

Otros llevaban zapatillas para correr. Algunos de esos cultivaban tanto los músculos que se olvidaban del más importante. Y no eran capaces de mirar a los demás más allá de su masa muscular.

Otros llevaban zapatos con flores, andaban dando saltitos, se paraban, jugaban conmigo. Me ayudaban a buscar mis flores moradas. Esos, sin duda eran los niños. Los únicos capaces de mirar, oler y escuchar de verdad.

Un día apareciste tú, llevabas zapatos largos de payaso. Te acercaste y me diste una flor morada. Llevabas tiempo observando, siguiendo en la distancia. 

Es curiosa nuestra historia de amor donde hemos construido una casa sin tejado para ver las estrellas y nos perdemos en un mundo que solo nosotros entendemos. 

Yo hablo mucho, tú callas. Me miras, me sonríes y siento lo mismo que con las flores moradas.

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