La noria

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                                                                                           Imagen: Matt Stuart

No daba crédito, él estaba delante de mí y actuaba con total normalidad. Tranquilo, observaba a su alrededor como si fuera un mortal más. Ninguno de los presentes daba muestras de verle. No había gritos, ni carreras. Parecía como si fuera invisible a ojos de todos menos a los míos. Mis ojos si eran capaces de verle. Llevaba una rueda en la espalda mientras observaba la noria en la feria.

De repente lo entendí todo, más bien lo visualicé como una premonición. Como una escena de acción de una mala película de serie B. La criatura cogería la rueda y con un solo movimiento sería capaz de tirar la noria al suelo con todos sus ocupantes.

¡¿Cómo podía pararlo?! Traté de gritar, de alertar a la gente, pero el tiempo se congeló. Fue un instante nada más, en el que todo permaneció inmóvil mientras el demonio se dio la vuelta lentamente para mirarme. Los ojos encendidos de odio y un "tarde" flotando en el aire a modo de susurro.

Horrorizada corrí mientras la noria rodaba campo a través. Los cuerpos salían volando como maniquíes inertes. Algunos desmembrados. Los chillidos de pánico se mezclaban con los alaridos de dolor.

—Nadie me creyó, ¿sabe? Clausuraron el parque tras el accidente.
—¿Estás aquí, cariño? Hace frío fuera, tienes que entrar.
—No me moleste, estoy hablando con este periodista tan simpático.
—Claro que sí, querida. Pero es tarde y debe marcharse. Vamos a cenar.

—¿Dónde estaba?
—Hablando con la papelera otra vez. Hay que avisar al doctor para que le suba la medicación.
—¿Otra vez la historia de la noria? Pobrecilla, si sigue con eso no saldrá nunca de aquí.
—Una pena, sí...

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