Casualidad o destino

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                                                                      Fotografía: Isabel M. Martinez

Como cada mañana, desde hacía varios años, salíamos a pasear Chico y yo. Chico es mi fiel amigo perruno, casi tan viejo y tan cansado como yo. Chico llegó a mi vida de forma casual. Nos conocimos en el cementerio el día que le daba eterno descanso a mi amada esposa y compañera. Incapaz de alejarme de ella, Chico se acercó a mí. Ambos igual de desahuciados, ambos igual de perdidos. Siempre he pensado que ella me lo envió, porque ha sido el mejor regalo que nadie me ha hecho. Quizá fue una maravillosa casualidad. En cualquier caso, sé que, sin Chico, ya estaría enterrado junto a ella.

Esta mañana, he podido confirmar que Chico tiene algún tipo de conexión con ella. Siempre lo he sospechado. Cuando paseamos y me lleva al centro médico para recordarme que me toca pedir cita para el chequeo. Cuando no me deja acostarme sin tomar las pastillas y me ladra hasta que me las tomo. Cuando me despierta en el sofá de madrugada y me acompaña a la cama.

Pero lo que ha sucedido hoy ha sido inquietante y revelador. Caminábamos por el parque y en la zona del lago, que es su favorita y la mía para leer, ha salido corriendo al ver a una niña. A mí me ha extrañado mucho, Chico no es un perro niñero, más bien huye de esas pequeñas manos y los inocentes tirones de pelo.

La niña tirada en el suelo, riendo sin parar y él, comiéndosela a besos, de manera literal. Me he acercado lo más rápido que estas oxidadas piernas me han dejado y cuando he visto a su madre, me he quedado pasmado, atónito, estupefacto, cualquiera de ellas se queda corta.

Era Raquel, juro que esa mujer es Raquel hace unos cuantos años. No es que se parezca, es que es ella sin saberlo. He conseguido recomponerme del susto y le he enseñado una foto que llevo en la cartera del día que nos casamos. Ella, ha tenido la misma reacción que yo.

Impactados por el parecido hemos ido a tomar café. No coincide el apellido, es todo un misterio. Lo único que ha ella se le ha ocurrido es que fuéramos a preguntar a su madre y enseñarle la foto.
Así que Chico y yo las hemos acompañado a ver a la "abu" como decía la pequeña. Esta vez al ver a la señora, sí he tenido un incidente. He estado a punto de perder el poco norte que la edad me ha dejado. Una fotocopia, un calco, idénticas hasta el dolor.

Después de mucho tiempo de hablar, conocernos y trasmitir a aquellas amables mujeres mi consternación, han accedido a hablarme de sus orígenes. Ángela, que así se llama la abuela de la niña, me ha contado que su padre, antes de fallecer le confesó que, junto a ella, nació otro bebé. Su madre estaba embarazada de gemelas, pero una de ellas no sobrevivió al parto. Es extraño porque le preguntó que por qué se lo contaba después de tantos años y le explicó que, aunque lo pidieron, jamás les dejaron verla. La clínica cerró unos años después y se desató un escándalo de bebés robados. Siempre sospechó que ellos podían haber sido uno de esos casos, pero no quiso remover el dolor que sentía su madre.

Hemos cotejado fotos, y no tenemos ninguna duda de que sois hermanas. El parecido es asombroso. Se acaban de mudar y era su primer paseo por el parque. Tenían otro destino y los planes cambiaron en el último momento, y no tengo explicación racional, pero sé que tú has tenido algo que ver con todo esto.

A la semana siguiente de haberlas conocido, Chico tuvo un paro cardíaco. Se quedó dormido y no despertó. Después de a ti, cariño, ha sido el trago más duro de mi vida. Despedirme de mi mejor amigo. Al menos tengo el consuelo de saber que descansa contigo. Me costó, pero he conseguido el permiso. Mi vida, sé que me regalaste a Chico, como también sé que me has regalado una nueva familia, con la que como todos los domingos. No me he perdido ni un cumpleaños. Victoria, la pequeña, tiene tu sonrisa o la de Ángela, que es clavadita a la tuya. Me encanta estar con ellas, pero te confieso que ansío el día, que por fin cierre los ojos, y allí estéis tú y Chico, para continuar con nuestra vida.

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