Cuando creímos conocernos - 9

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—Van a pasar la noche aquí.
—¿Están juntos?
—Eso parece.
—Mantén la distancia. Ella se dirige al origen de todo. Debemos ser precavidos. Adelántate y espérales allí. Deja que viajen solos, no nos interesa que vayan paranoicos.
—Así será entonces.

El hombre colgó el teléfono exhausto. Los años pesaban y este tipo de trabajos empezaban a causarle un cansancio cada vez más difícil de soportar. Pensó en pedir la jubilación y se rio para sus adentros. Sin cambiar el gesto hizo las llamadas que debía hacer y partieron hacia Francia.

Marco contemplaba a Anna mientras dormía. Si hubiera podido pedir un deseo en ese mismo momento a cualquier supuesto poder superior, hubiese sido pausar aquel instante. Capturarlo y convertirlo en eterno. Quedarse a su lado, observarla, protegerla… Amarla. Sintió deseos de ser un virtuoso pintor, capaz de retratar cada detalle que estaba admirando; el pelo caía sobre la almohada como si fuera un trozo de seda natural y salvaje. Bello en su esencia. Ese tipo de materias que no necesitas oler o tocar para saber de su innata perfección. El color de su piel, la forma de los labios, el leve murmullo al respirar. Marco se sintió abrumado, consciente de saberse vencido por sus sentimientos. Abnegado. Pero, ¿qué podía hacer? Jamás había sido preso de un sentimiento así, era la primera vez en su vida que otra persona le importaba más que él mismo. Verla dormir, tranquila, le sumía en una profunda paz interior y estaba agradecido. Realmente agradecido, por tener la oportunidad de vivir aquel momento a su lado, y todos los que vinieran.

Salió con sigilo de la habitación para no despertar a Anna y bajó al bar del hotel. Se sentó en la barra y sacó el teléfono. Comprobó el recibo de los billetes de tren. Ambos habían aprovechado el día para preparar el viaje, comprar algo de ropa, devolver el coche de alquiler y decidir el itinerario que seguirían. Anna estaba convencida de que los hombres que les seguían sabían de antemano donde iban, así que eligieron la forma más rápida de llegar, que no era la más segura, pero viajarían rodeados de posibles testigos. El tren que salía de Barcelona con destino París, tenía parada en la estación de Perpiñán, así que no se complicaron. No era el viaje lo que les preocupaba, era qué pasaría una vez llegaran allí. Aprovechó para enviar un mensaje a su padre:
“Todo bien. Anna me lleva a conocer a su familia y su lugar de nacimiento. Estoy deseando que la conozcas. Te quiero”
Era la primera vez que no le daba todos los detalles de los acontecimientos de su vida, aun así, su padre había sabido interpretar las señales y no hacer preguntas.

Terminó la copa y volvió a la habitación. Anna seguía durmiendo. Se tumbó a su lado y el aroma de su piel impregnó el aire. Luchó con el deseo que sentía por despertarla. Su corazón le insistía, déjala dormir. Necesita descansar, mañana la espera un día de intensas emociones. “Marco, contrólate” Se repetía una y otra vez. Pero, los instintos primarios son difíciles de controlar y para él en ese momento, imposibles. Mordió con toda la delicadeza que pudo el cuello de Anna y ella se estremeció. Lejos de apartarse, Anna se giró y solo fue necesaria una mirada para conceder a Marco el beneplácito de sus futuras acciones.

Llegaron los primeros rayos de luz y no habían dormido ni una hora seguida. La noche se convirtió en una batalla cuerpo a cuerpo entre el cansancio y el deseo. Cuando uno vencía el otro cedía el espacio, hasta que uno de los dos recuperaba las suficientes fuerzas para hacer su aparición. Satisfechos y agotados, recogieron el poco equipaje que llevaban y partieron hacia la estación de Sants. Una vez en el vagón, comprobaron el resto de asientos y ninguno de los pasajeros levantó sus sospechas. Ambos aprovecharon las casi tres horas que tenían por delante para dormitar. No era mucho tiempo, pero al menos descansarían, tampoco podían dormir profundamente o correrían el riesgo de no bajarse en la parada correcta.

El megáfono anunció la entrada en la estación de Perpiñán. Cuando Anna salió por la puerta principal de la estación al exterior y contempló la fachada, la plaza, el reloj, los arcos, no pudo evitar que el estómago se le hiciera un nudo y que este viajara hasta la garganta. Los ojos se inundaron de lágrimas rabiosas por salir. Marco no se atrevió a tocarla, sabía que ella no quería dejarse llevar por las emociones. No era prudente. Anna intentó serenarse hasta que se vio a sí misma, con ocho años, de la mano de su padre esperando la salida de su madre de la estación. Volvía de un viaje a España, y al verla corrió hacia ella para tomarla entre sus brazos. Recordó la sonrisa de su madre, sus besos y se derrumbó. Se vino abajo sin poder controlar el dolor que la empujaba hacia el suelo. Cayó de rodillas con las manos tapando el rostro y lloró. Todo lo que no había llorado en años.

Marcó se quedó inmóvil, sin saber qué hacer. Los pocos pasajeros que salían de la estación miraban con curiosidad y preocupación la escena. Un gendarme se acercó a ellos y empezó a inquirir a Marco. Marco no entendía nada, no hablaba francés. Cuando el hombre empezó a subir el volumen de su voz al ver la cara de pánfilo de Marco, Anna abandonó el estado de desesperación en el que se encontraba y se levantó corriendo. Aclaró la situación con el gendarme con un perfecto francés que a Marco dejó perplejo y observó como el hombre se retiraba.
—¿Qué ha pasado? —Preguntó confuso.
—Ha pensado que me habías hecho algo. Lo siento, intentaré que no vuelva a suceder. Antes de ir a buscar a la persona que buscamos, necesito comer algo e interiorizar todo lo que en estos momentos siento.
—Tranquila, creo que es demasiado para interiorizar. Quizá debas exteriorizarlo todo de golpe. Sacarlo pa´fuera, vamos.

Anna sonrió y finalmente dijo:
—Toda la vida preparándome para este momento y no sé si voy a ser capaz de enfrentarme a ello.
—Hasta que no lo hagas, no vas a saberlo. ¡Vamos!

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1 comentarios

  1. Marco es más romántico que una flor en el día de San Valentín y Anna tiene más enigmas que el sombrero de un mago. Sin embargo siguen juntos (cada quien con sus razones y propósitos) parece que se avecinan algunos "destapes" que suenan a complicación... ¡Aguante Anna! y "Despabilate Marquito"

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