Cuando creímos conocernos - 1

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Fue en un pueblo con mar... Sí, es el inicio de una preciosa canción que podría representarnos perfectamente. Porque el pueblo tenía mar y tú reinabas detrás de la barra del bar y de cualquier sitio donde hubieras estado. Tu presencia iluminaba estancias mejor que cualquier farol que haya visto nunca. Estuve a punto de no ir, confieso que nunca me han gustado los festivales veraniegos, prefería una limpia habitación de hotel a la incomodidad de una tienda de campaña. Así que acepté ir pero a cambio dormiría en un hostal con vistas al mar. Mis amigos accedieron, por algo me llamaban el "sibarita" del grupo.

Cubierto de arena, sudoroso por el calor infernal y los saltos al compás de todos los grupos que habíamos visto, desaliñado y guarro, por qué no decirlo, me acerqué a una de las barras a comprar algo de bebida y un paquete de tabaco. "Lo siento, no tenemos tabaco, tendrás que bajar al pueblo" Así, sin más, tan solo hizo falta esa frase. Y los acontecimientos dieron un giro inesperado. Si hubieran tenido tabaco en aquella caseta, me hubiera vuelto a casa sin conocer a la mujer más maravillosa del planeta.

Bajé al pueblo mientras mis amigos se preparaban para la siguiente actuación. En cierta manera, me alegré de airearme un poco. El pueblo era el típico pueblo costero, cautivador y turístico. El olor del mar me llamó y opté por buscar el tabaco en algún bar del paseo marítimo. Distraído caminaba disfrutando de las vistas y entré en uno de los locales. Era un pequeño café lleno de flores y plantas. Confieso que dudé si había entrado en un bar o en una floristería. En la barra, una mujer limpiaba la máquina del café. Estaba de espaldas y solo pude fijarme en su larga cabellera negra como el azabache. Ay, qué típico. Negra como un cielo nocturno sin estrellas. Joder, que cursi. Negra como lo más negro que tengáis en la mente. Así.
—Perdona, ¿tenéis tabaco?
Se giró y su rostro casi me provoca un paro cardíaco. Ojos oscuros y almendrados, labios rojos sin rastro de maquillaje. Y una sonrisa que me golpeó en el estomago como un puñetazo.
—Tienes la máquina al fondo—Me dijo señalando el lugar donde estaba.
Me quedé inmóvil, sin poder dejar de mirarla, lleno de barro y sudor, debía tener un aspecto lamentable. Volvió a señalar el lugar, extrañada por mi falta de movimiento. Fui a decir algo pero no salió ni un amago de voz. Agaché la cabeza y me fui a la máquina. Eché las monedas despacio, mirándola de vez en cuando. Cada gesto, cada movimiento que hacía me provocaba salir corriendo y besarla. ¿Cómo podría salir de allí y volver a mi anterior vida? Necesitaba hablar con ella, saber su nombre, invitarla a cenar, tener tres hijos, un monovolumen y envejecer a su lado...

Ella me observaba, dudando si llamar a la policía, o salir de la barra con un palo. El loco lleno de barro que no dejaba de mirarla y gesticular como un tarado, sin llegar a comprar el tabaco. Permanecí unos segundos más hasta que pulse el botón de la máquina y salí de allí avergonzado. Era mucha mujer para mí, no fui capaz de decirle nada. Salí a la calle desolado, no volvería a verla jamás.
—¡Perdona!
No podía ser verdad. No era ella y no era a mí.
—¡Tú!, ¡el que va lleno de barro!
Di media vuelta y allí estaba. Con el delantal puesto y el pelo ondulando—¿Si?—alcancé a decir, el corazón me latía a mil por hora.

—¡Te has dejado el tabaco!

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2 comentarios

  1. Fresca, casual, romántica, graciosa, es un bello relato que nos habla de un joven “sibarita” que aprendió que Cupido si existe y dispara sus flechas cuando menos lo esperamos. (Suspiro)… Las historias que yo me pierdo por no usar tabaco.
    Martina, espero que cuando vuelva a visitar tu blog te siga encontrando aquí y no a una “Sucursal del Banco Hispanoamericano” pues tendría que “Vengar tu memoria, a pedradas contra los cristales de mi monitor”

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    1. Jajaja, me encontrarás, me encontrarás. Esta historia continua, en breve siguiente capítulo de algo que no sé ni lo que será. Pero me han pedido que la continúe y creo que los personajes dan para ello. a ver que sale! Feliz día Juan Carlos!

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