Cuando creímos conocernos - 8

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                                                                                    biketoursbarcelona.com

—Verás, no está en mis planes incomodarte. Me encanta Barcelona, es una ciudad increíble, pero empiezo a estar hasta las pelotas de dar vueltas con el coche. Por no decir, que nos estamos quedando sin combustible. Además, creo que me debes una explicación. El señor que nos sigue, ¿es tu marido?
Anna soltó una carcajada y consiguió liberar la tensión que se había acumulado en el ambiente.
—Perdona, tienes razón. No, no es mi marido. Es más complicado, mucho más. Necesito pensar y este no es el mejor lugar. Vamos a buscar un hotel y te lo explicaré todo.
—Conozco uno cerca del puerto olímpico que está bien— Dijo él.
—Perfecto. Vamos.

Llegaron al hotel. El coche que les seguía desapareció cuando entraron en el aparcamiento.
—¿Dos habitaciones? —Dijo Marco con el tono más respetuoso que le salió.
—Mira, dejémonos de tonterías que esto es serio. Vamos a coger una habitación y punto. De todas formas, no sé si nos quedaremos a dormir—Dijo ella preocupada.

Subieron a la habitación, Anna se acercó a la ventana y contempló las vistas. Su mirada se perdió en el horizonte. No estaba en sus planes tener que llevar compañía y menos tener que contar a Marco nada de su pasado. Pero, las circunstancias habían cambiado. Conociendo su tesón no la dejaría irse, y sabiendo que les seguían lo más prudente era llevarle con ella.
—Vale, te parece si pedimos café al servicio de habitaciones y te cuento, ¿qué está pasando? —Dijo Anna con seriedad.
—Me parece genial.

Anna esperó a que el camarero sirviera los cafés, se sentó en uno de los sillones, respiró profundamente y comenzó la historia:
 —Yo nací en Perpiñán. Mi padre era de allí y mi madre era catalana. Mi madre emigró por trabajo, se conocieron, se enamoraron. Y fruto de ese amor nací yo. Vamos, una historia típica. Mi madre era cocinera en una casa que tenía servicio y mi padre era periodista. Trabajaba en la sede de un periódico y llevaba varias investigaciones. Durante aquellos años Europa era un hervidero de cambios y conflictos, la caída del muro de Berlín, el fin de la Unión Soviética. Siempre viajando, siempre al pie de la noticia. No tengo muchos recuerdos, yo tenía alrededor de 9 años cuando sucedió todo. No sé exactamente en qué trabajaba mi padre. Una noche llegaron tres hombres a casa, mi padre les abrió la puerta, mi madre me escondió. A ella la mataron y a él se lo llevaron. Hablaban en francés, pero con un acento extraño. No te puedo contar mucho más. Me crió la hermana de mi madre en Roses, la policía cerró el caso como un caso de violencia machista. Mi padre había matado a mi madre y había huido. No me creyeron, no encontraron huellas, dijeron que sufría estrés postraumático y no tuvieron en cuenta mi testimonio. Mi padre no apareció y le colocaron en las fotos de los delincuentes desaparecidos. Una noche al salir de una discoteca en Gerona, me abordó un tipo que me dijo:
 
  “La tortura obra milagros. Sabemos que la tienes. Averigua donde está lo nuestro y vivirás tranquila, de lo contrario convertiremos tu vida en un infierno”

Se refería a esta llave. Mi padre la había guardado en mí armario, en un juguete antiguo. Él sabía que lo llevaría siempre conmigo. Allí encontré la llave y una carta. No sé lo que abre, pero sí sé quién puede decírmelo. Tengo que viajar a Perpiñán, pero esperaba poder hacerlo sin asesinos siguiéndome—Anna terminó de hablar y sonrió cansada. Le había costado desenterrar una historia que no había contado a nadie. Recuerdos que había tratado de olvidar. Era consciente de haber resumido demasiado los sucesos, pero no sentía fuerzas para entrar en detalles. Marco la miraba estupefacto, sin saber que decir. Al final preguntó:
—¿Huiste?
—No, me lo tomé a broma. Mi tía tuvo un accidente con el coche. Me quedé sola y hui. Llevo sola y huyendo desde entonces.

Anna se dejó caer en el respaldo del sillón abatida. Marco la contemplaba sin saber qué decir. Parecía tan vulnerable que lo único que realmente le apetecía era abrazarla. Sostenerla en sus brazos. No hizo ningún movimiento, temía hacer algo inapropiado y que Anna le pidiera que se fuera. Con la mirada perdida Anna le dijo:
—Es tu oportunidad. No tienes porqué quedarte. Puedes dejar el coche, yo lo devolveré en la agencia de alquiler e irte. No saben nada de ti y no creo que te sigan.

Marco la contempló en silencio. Tras esa mujer fuerte y autosuficiente, se escondía una niña que había presenciado el asesinato de su madre. Ahora lo entendía todo.
—Jamás te dejaría sola. Te acompañaré a Francia e intentaremos solucionar esto de la mejor manera. ¿Por qué no vamos a la policía?
—Porque no me creyeron una vez, y no me creerían. Necesito saber que hicieron con mi padre. Llevarle junto a mi madre y descansar. No tengo ganas de destapar nada o publicar aquello que estuviera investigando mi padre. No merece la pena, y menos después de tanto tiempo. Siento si te parece egoísta pero no quiero vengar su muerte, solo quiero poder llevar una vida normal. Tras los acontecimientos de la historia, ¿qué podría saber mi padre que fuera tan importante?
—Te entiendo, pero si la historia no tuviera ya sentido. Si el secreto no fuera realmente importante, ¿por qué siguen persiguiéndolo?
—No lo sé, la verdad.
—Bueno, hay una cosa segura. Si quisieran hacernos daño, ya lo hubieran hecho. Vamos a relajarnos, a disfrutar de la ciudad y mañana ponemos rumbo a Francia. Deja que nos sigan, encontremos lo que encontremos, se lo damos a cambio de la información sobre tu padre.
—Gracias—Dijo ella a punto de derrumbarse.
—Gracias a ti, por contármelo.

Marco se levantó, la cogió de los brazos obligando a Anna a levantarse y la abrazó. La abrazó tan fuerte que Anna se derrumbó y empezó a llorar. Mientras lloraba se dio cuenta del peso que acababa de quitarse de encima. Poder compartir la historia con Marco había liberado la presión que siempre llevaba en el pecho. Le miró y las lágrimas dejaron paso a la sonrisa.

“El chico de barro” pensó, mientras le besaba.

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2 comentarios

  1. Marco se acaba de "reclutar" en un lío que ni siquiera entiende bien, pero al parecer "Cupido" (o quizás sus hormonas) lo llevarán a Francia (o al fín del mundo, si Anna se lo pide)... ya veremos que le aguarda en el próximo capítulo.

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    1. Jajajaja, en Facebook ya elucubran sobre la inocencia de Marco... Veremos, veremos. Un besazo!

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