Cuando creímos conocernos - 7

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Marco conducía con ansia. Intentaba no sobrepasar los límites de velocidad de la carretera pero las ganas se apoderaban de él. Quería llegar cuanto antes. Cuando rebasaba algún autobús miraba todas las ventanillas esperando encontrar a Anna. Se imaginaba a sí mismo deteniendo el autobús y subiendo a buscarla. Como un héroe de comedia romántica, ella lloraría y correría hasta sus brazos. Ambos se besarían mientras el público aplaudiría preso de la emoción. "Todo muy real, Marco" Se dijo.

Pasaron las horas y no vio el autobús de Anna por carretera. Al llegar a Barcelona condujo hacia la estación de autobuses. Aparcó en el aparcamiento de la estación y corrió por los pasillos buscando las pantallas de aviso. La estación era muy grande, nada que ver con la del pueblo costero. Nervioso observaba las pantallas sin entender nada. Localizó un punto de información atendido por una simpática chica que le dijo muy amablemente la hora prevista de llegada del autobús y la dársena donde debía esperar la bajada de los pasajeros. Agradeció infinitamente y se relajó, había llegado a tiempo. En ese preciso instante de relajación el cansancio hizo su aparición estelar. Había conducido sin descanso y tenía el cuerpo entumecido. Sintió que necesitaba altas dosis de cafeína, así que aprovechó para refrescarse en el baño y coger un café para llevar. No podía arriesgarse a que el autobús llegará antes de lo previsto y perder la única oportunidad que tenía de hablar con Anna. Sentado en el banco los nervios empezaron a sembrar dudas. "Estás loco" "Va a pensar que eres un psicópata" "Se te va la pinza tío"

     Anna dormitaba en el autobús hasta que vio la punta de la torre más alta de la Sagrada Familia en el horizonte. La ciudad aparecía ante ellos imponente. Se estiró ignorando los protocolos de educación social, la postura no había sido cómoda pero pudo descansar. La noche anterior no había dormido nada. De repente le llegó un flash de Marco sudoroso, tumbado bajo ella y se ruborizó. La piel se le erizó y contemplo su brazo sorprendida. Con los pelos de punta, pensando en Marco. Era una sensación nueva para ella. Siempre hermética, sin dejarse llevar por los  sentimientos. El día que enterró a su madre, enterró con ella su capacidad de amar. La placentera sensación del recuerdo de Marco se borró al recordar el cuerpo de su madre inerte en el suelo. La expresión de horror en su rostro. Anna apretó los dientes para serenarse, miró a su alrededor y observó que habían subido más pasajeros por el trayecto. Hizo un repaso de ellos disimuladamente y se paró en el hombre del portátil. Ya no lo llevaba encima, lo tenía guardado en un maletín que sujetaba con ambas manos. Llevaba chaqueta a pesar del calor y el sudor salpicaba su cuello. Estaba acalorado y se le notaba incomodo. Anna se extrañó, ¿por qué no se quitaba la chaqueta? Como si tuviera una alarma en el subconsciente, esta se disparó. Algo no encajaba, pero qué. Algo había llamado su atención. Algo rondaba su cabeza y no era capaz de atraparlo. "Piensa Anna, Piensa".

Volvió a mirar y esta vez sus ojos la llevaron justo al punto exacto. En la mano derecha, el hombre tenía lo que parecía el final de un tatuaje que le subía por el brazo. La chaqueta lo tapaba, pero se dejaba entrever. No tenía un dibujo marcado, algo reconocible, pero la forma le causaba pavor. Y de pronto lo entendió. A pesar de los años, del tiempo invertido en apartar los recuerdos de su cabeza, de enterrar las lágrimas y el dolor, recordó con nitidez al hombre, con el horrendo tatuaje de su brazo asesinando a su madre. Él no sabía que ella estaba presente, pudo esconderse antes de que pasara todo. Se revolvió en el asiento incapaz de pensar con claridad, tenía ganas de levantarse y abalanzarse contra él para arrancarle los ojos. Pero sabía que a parte de una estupidez, suponía perder la posibilidad de saber dónde estaba su padre. Porque aquellos hombres no sólo habían matado a su madre delante de su padre, se lo habían llevado con ellos. No quería ni imaginar las horribles torturas por las que debía haber pasado, le habrían matado sin encontrar lo que buscaban. Su padre jamás les contaría donde se encontraba el objeto de su búsqueda y menos, quien guardaba la llave que contenía el preciado objeto. Por fin podría saber que había sido de él, donde descansarían sus restos.

Respiró profundamente, intentando pensar con rapidez. El autobús entraba en la estación. El hombre no sabía que lo había reconocido y de querer hacerla daño, lo habría hecho durante el viaje. Era evidente que la seguía para informar de sus movimientos. ¿Cómo la habrían encontrado? Había sido muy cuidadosa como lo era siempre. El autobús giró para entrar en la dársena y al mirar por la ventana se quedó petrificada. Los ojos se le abrieron de golpe intentando procesar lo que estaba viendo. Se los frotó varias veces como el que ve un espejismo en pleno desierto, un oasis. Marco esperaba la llegada del autobús. "¿Marco?" "¡Marco!" Allí estaba, de pie frotándose las manos de los nervios. Por un segundo Anna olvidó que tenía un asesino siguiendo sus pasos y se enterneció. Seguramente en otro momento hubiera agradecido ese gesto, se hubiera entregado al momento. Hubiera bajado del autobús sorprendida, y hubiese entrado en el juego del cortejo y la seducción, pero aquel momento no era un momento normal. Pensó rápido y aprovechó la ocasión que Marco le brindaba.

Cuando Marco vio entrar el autobús en la dársena se puso de pie como si tuviera un resorte en el trasero. Empezaron a temblarle las piernas, y el sudor cubrió las palmas de las manos. Había estado ensayando un discurso. Unas impactantes palabras que harían que Anna se rindiera a sus encantos. "Déjame explicarte por qué estoy aquí" Empezaba su romántico discurso...

El autobús paró y se abrieron las puertas. Comenzaron a bajar pasajeros y esperó poseído por la ansiedad. Anna salió y corrió hacia él, por un momento temió que le diera un porrazo al ver el ímpetu con el que se acercaba.
—¡Cariño!—Gritó Anna. "¿Cariño?" Marco estaba estupefacto. Anna saltó a sus brazos, le rodeó con las piernas y comenzó a besarle. Marco pensó que que estaba desequilibrada pero aun así no hizo ni un ademán de quitársela de encima. Aprovechó para comerla a besos. Anna le miró y le dijo:

—Espera cielo que cojo el equipaje y ahora te pongo al día de los pormenores del viaje— "Cielo" "Pormenores" "¿Pero esta quién es?" Pensaba Marco mientras asentía ojiplático. Anna cogió la maleta del portaequipajes y volvió junto a él, le cogió del brazo y le dijo:
—Vámonos.

Él se dejó llevar movido por una obediencia inusual, pero concediéndole a ella el beneficio de la duda. Estaba intrigado, deseando saber qué pasaba.
Anna había interpretado la escena sin dejar de observar disimuladamente al hombre, que a su vez observaba la escena también. Marco la llevó hasta el aparcamiento y ella se aseguró de que el hombre cogía los datos del coche en el que se habían montando.

—¿Me vas a explicar qué está pasando?—Preguntó él mientras conducía.
—¿No era la escena que esperabas?—le dijo ella con una débil sonrisa.
—Que anhelaba, sí. No voy a engañarte, que realmente esperaba, no. Para nada. ¿No te sorprende que haya venido?
—Muchísimo, pero ahora debo concentrar mi mente en ese coche oscuro que tenemos detrás y nos sigue.
—¿Cómo?—Preguntó él mirando por el retrovisor.
—Y ahora la pregunta sería, ¿Quién ha sorprendido a quién?...

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2 comentarios

  1. Marco no tiene ni la más mínima idea de lo que está pasando (pero está besando de gratis) Mientras tanto Anna, tiene más problemas que un libro de matemáticas, pero las circunstancias (para su suerte) lo ponen a Marco como su simpática tabla de salvación, sin embargo solo ha conseguido amagar a su perseguidor, porque sigue detrás de ella... (y yo detrás de lo que sigue en esta historia)

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    1. Gracias Juan Carlos! Gracias por seguirla, de corazón. Un abrazo!

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