Cuando creímos conocernos - 6

By 3:07 ,


Anna abrió la puerta del hostal pensando que estaría cerrado, hubiera sido la excusa perfecta para dar media vuelta y salir dirección a la estación de autobuses. Pero...

La puerta se abrió. No había nadie en la pequeña recepción. Caminó sigilosa hasta las escaleras y subió al primer piso donde se encontraba la habitación de Marco. Llegó a la puerta, el pasillo estaba oscuro salvo por la luz de la luna que entraba por las ventanas. Hizo el gesto para golpear la puerta con los nudillos, pero se detuvo. ¿Qué estaba haciendo? Por qué se complicaba una vida ya complicada de por sí. Cerró los ojos, estaba cansada de medir cada paso que daba desde hacía tantos años. Golpeó la puerta y sintió ganas de correr.

Marco estaba tumbado en la cama sin poder dormir. Repasaba una y otra vez la velada buscando un final alternativo, intentaba encontrar el momento de la conversación donde podría haber dicho algo diferente. Se maldecía a sí mismo por no haber conseguido su teléfono. Sonó la puerta y se sobresaltó. ¿Quién sería?
Se levantó sin ganas y abrió la puerta, olvidó que estaba en ropa interior. Anna le miraba fijamente, llevaba una pequeña maleta y a pesar de su fortaleza, su mirada reflejaba lo vulnerable que se sentía en ese momento. La cogió del brazo y tiró de ella hacia el interior de la habitación, antes de que se arrepintiera y saliera corriendo. Cerró la puerta tras ella, le quitó la maleta de la mano y la empujó hasta la cama.

Ella se dejó llevar, le gustaba la seguridad que mostraba Marco. Él sujetó su cara con ambas manos, no podía dejar de mirarla. Empezó a temer que al final el sueño le hubiera vencido y Anna le regalaba su cuerpo para soñar. La besó y ella le devolvió el beso. Esa era la señal, Anna se entregaba sin reservas. Ella temblaba, no recordaba la última vez que otras manos habían recorrido su piel. El mundo se detuvo y el reloj les concedió una tregua. Segundos, minutos, horas, imposible medir el tiempo que Marco había estado dentro de Anna. Sus cuerpos fundidos en uno solo. Imposible a su vez, saber el porqué de la perfección de los movimientos, de la sincronía, de la armonía con la que ambos encajaban, si eran dos desconocidos.  El cansancio venció y permanecieron un rato abrazados, respirando a tiempo, controlando el ritmo de las respiraciones guiados por metrónomo ficticio, incapaces de hablar. Temerosos de romper la magia que les envolvía. Anna suspiró y una lágrima resbaló por la mejilla. Sabía que debía irse y no podría volver a ver a Marco. No era justo poner en peligro su vida. Esperó a que durmiera profundamente, se levantó y se vistió. Le escribió una nota, se había vuelto una experta en escribir despedidas en un papel, pero esa nota le costó más que ninguna.

    “Si te soy sincera no puedo explicar lo que ha pasado en esta habitación, esta noche. Pero si puedo decirte que ha sido maravilloso, especial y no lo olvidaré nunca. Tengo una situación complicada que no puedo contarte y en la que no puedo involucrarte. Sé feliz Marco y olvídame. Es lo mejor que puedo desear para ti. Anna”

Cogió la maleta y salió sin hacer ruido. Caminaba distraída hacia la estación. Había amanecido y  el pueblo empezaba a cobrar vida. ¿Hasta cuándo tendría que huir? Estaba cansada, cansada de no poder asentarse en ningún lugar, cansada de tirar teléfonos de prepago, de sospechar de toda la gente que la rodeaba. "Es el momento, no puedes posponerlo más" se dijo a sí misma. Decidida se acercó a la ventanilla donde vendían los billetes y preguntó si había un autobús directo a Barcelona, de allí cogería el tren a Francia. Debía buscar a una persona. Metió la mano en el bolsillo y palpó la llave. Se sintió aliviada de no haberla perdido, era la única posibilidad de ser libre por fin.

Marco despertó sonriendo, hacía mucho tiempo que no dormía tan bien. Abrió los ojos y se le borró la sonrisa de golpe. Anna no estaba y le había dejado una nota en la mesilla. Empezó a maldecir en alto hasta que leyó la nota. "Olvídame" —Como si fuera tan fácil—dijo en alto. Todavía tenía el olor de Anna flotando a su alrededor.  No, no podía olvidarla. Se vistió corriendo y salió hacia la estación de autobuses. El pueblo era pequeño y no había otro medio de transporte. Al llegar corrió a la taquilla, dentro un señor le observaba. Marco había llegado sin aliento y no era capaz de hablar. Carraspeó.—Necesito un favor buen hombre. Sé que no me conoce y no tendría por qué ayudarme pero mi felicidad depende de usted—sonrió intentando dar lástima— Necesito saber si hace un rato ha venido una mujer morena con los ojos azules más bonitos que haya visto usted en su vida. Si ha comprado algún billete y si su respuesta es sí, que destino ponía en ese billete. Por favor, por favor, por favor—. El hombre le miró serio, como si estudiara cada uno de sus gestos.
—No puedo darle esa información, señor.
—Por favor, por favor. No puedo perderla—suplicó Marco.
—Y si la señorita... ¿huía de usted?— Marco se detuvo a pensarlo, era cierto, parecía un loco. Un acosador. Se sintió abatido, no tendría manera de encontrarla.
El hombre se apiadó al comprobar el abatimiento de Marco —Señor, este es un pueblo pequeño—dijo el hombre esperando que Marco entendiera a que se refería. Y lo entendió—¡Gracias!

Salió corriendo a las dársenas, estaban todas vacías pero había una pequeña pantalla donde anunciaban las salidas que ya se habían producido y las próximas. En las dos horas anteriores solo había salido un autobús con destino Barcelona. Si Anna se había ido en autobús era el único destino posible. Cabía la posibilidad que se bajara antes pero no tenía otra pista a la que agarrarse. El autobús había salido hacía una hora. Si esperaba al siguiente jamás la encontraría. Corrió al hostal, recogió su maleta, pagó en recepción y preguntó dónde podía alquilar un coche. El hombre le dio una dirección. Llamó a su padre para contarle las novedades de su viaje.
—Marco, ¿todo esto por una chica?—preguntó, sin extrañarse demasiado. Sabía cómo era su hijo con una idea en la cabeza.
—Papá, no es una chica cualquiera. Debo intentarlo. Tengo que encontrarla, creo que necesita ayuda. Sé que me entiendes—. Colgó y condujo intentando adivinar el recorrido que haría el autobús. No sabía las paradas pero debía llegar a la estación antes que ella, era la única posibilidad de no perderla. De que entendiera que no le iba a ser tan fácil deshacerse de él.

Anna pensaba la suerte que había tenido, algo poco habitual en su día a día. Un único autobús y al destino que necesitaba. El autobús iba prácticamente vacío. Una pareja de ancianos, un grupo de chicos y chicas que causaban mucho revuelo y un hombre con un portátil en las rodillas. Se relajó, nadie sospechoso. Cerró los ojos e intentó dormir. El hombre escribía un email:

"La he encontrado. Destino Barcelona" y pulsó enviar...

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1 comentarios

  1. Anna misma lo buscó, un tanto por las circunstancias, otro poco porque quería hacerlo y también (intuyo) porque Marco le podía representar un cambio en su vida.
    Aquella noche Marco campeonó (sin correr la cancha). Y luego de disfrutar su momento de gloria, se durmió como rey y amaneció como mendigo con la mitad de su cama vacía (comenzando aquí su desesperada búsqueda)
    Y como una cereza en un rico pastel, ese último renglón de tu relato le ha sumado un suspenso distinto a la romántica historia… (Continuará)

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