La noche de fin de año

By 9:09 ,

Sandra soñaba con la noche de fin de año. Llevaba meses preparándolo todo.  Había comprado un vestido elegante, largo hasta los pies. De satén negro, con el escote en la espalda. Nunca había llevado nada semejante. Con el vestido puesto se sentía una actriz de Hollywood.

La empresa donde trabajaba organizaba la fiesta de Nochevieja más grande de la ciudad. Todo el mundo quería asistir. Su jefe le había conseguido dos entradas y estaba decidida. Le pediría a Manuel, el contable, que fuera con ella a la fiesta.

Había soñado con la llegada al evento millones de veces. Manuel abriría la puerta de una flamante limusina negra y ella saldría del vehículo como una princesa. Incluso había encargado en la óptica las lentillas, por primera vez saldría a la calle sin las horribles gafas.

Era la mañana del día 30 de diciembre y le sudaban las manos. Todavía no le había dicho nada a Manuel. Sabía por la agenda de su jefe, que acudiría a las once de la mañana a una reunión. Esperaría a que terminara y se lo pediría. Sentía un nudo en el estómago ¿Cómo se lo diría? Y si él ¿le decía que no? Estaba aterrada.

A las once en punto vio cómo se acercaban hacia su mesa Manuel y el jefe. Estaba tan guapo. Traje gris, corbata azul. Sus gafas de persona inteligente. Siempre que le veía, en su cara aparecía una sonrisa.
— ¡Sandra!—Gritó de repente el jefe.
—Sí, señor.
— ¿Estás bien? Tienes una expresión rara.
—Sí, sí, señor. Estoy bien— Dijo ella intentando recomponerse mientras miraba de reojo a Manuel.
—Sírvenos dos cafés. Por cierto, lamento tener que pedirte esto, pero ha surgido un imprevisto y necesito que me devuelvas las dos entradas que te di para la fiesta de Nochevieja. Se han agotado todas y las necesito para el Ministro de Industria. Comprenderás que es un invitado de prestigio y no podemos fallarle. Quiere venir con su hijo y la novia de este, y  necesita dos entradas más. Además tú no tienes vida social, no tendrías con quien ir.

Sandra sintió que los ojos se le inundaban de lágrimas. Agachó la cabeza para que no se dieran cuenta y asintió sin más. Estaba hundida. Su noche soñada acababa de esfumarse.

Aprovechó la reunión para esconderse en el baño y llorar amargamente. Miró el reloj, su jefe estaba a punto de salir del despacho. Volvió a su mesa y asumió que era la historia de su vida. Los sueños no eran para ella.
La reunión terminó. Su jefe abandonó el despacho seguido por Manuel. Se despidieron y Manuel se quedó de pie, mirándola sin decir nada. Por fin carraspeó y dijo:

— ¿Me concederías el honor de ser mi pareja en la fiesta de fin de año?...

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