21 días

By 11:08

Un famoso cirujano plástico de la Universidad de Columbia, Maxwell Maltz, en la década de 1950, observó que sus pacientes seguían un patrón. Cuando les practicaba algún tipo de cirugía que modificaba su aspecto, por ejemplo en el rostro, el paciente tardaba veintiún días en acostumbrarse al nuevo. Ocurría lo mismo con las personas que habían sufrido algún tipo de amputación, padecían el síndrome del miembro fantasma durante veintiún días. Tras varios estudios llegó a determinar que el cerebro tarda ese número concreto de días, para que “una imagen mental establecida desaparezca y cuaje una nueva”, palabras textuales de Maltz.

Dicho esto, observo que quedan exactamente veintiún días para que termine el año. Iba a señalar que ha sido un año difícil, pero realmente, en mi caso llevo cinco años difíciles. Unido a una larga lista de acontecimientos trágicos en mi vida, más otra larga lista de “putaditas”, perdonen la expresión que han hecho de mí una auténtica sufridora. Sufridora superviviente, pero sufridora. Bendito humor negro, ha sido la droga legal más recurrente para sobrellevar cada trauma. En fin, volviendo al momento actual. Se termina el año con un cambio vital trascendente, así que siguiendo la tónica teatral que me caracteriza, he trazado un plan. Este año no valen los tradicionales propósitos para año nuevo. En este 2015 voy a coger la caja de Pandora, abrirla por última vez, guardar unas cosillas que han quedado fuera y mandarla bien lejos, lo que viene siendo a tomar por culo, pero no queda elegante, así que lo dejaremos en: mandar la caja de traumas, dramas, tragedias y sufrimientos al abismo que hay entre el horizonte y el fin del mundo. Ahora que pretendo colgarme el título de escritora, debo cuidar las expresiones y empezar a hablar de una forma abstracta y etérea.

Total, que tengo veintiún días de mudanza mental, meditación y cambio profundo. En Enero empezaran los veintiún días de cambios físicos, pero esos os los mostraré en imágenes. Gracias por estar a todos los que estáis, gracias por la discreta y fácil despedida de los que os habéis ido y gracias a los que vais llegando. Espero tener muchas cosas que contaros.

Un abrazo bien apretao.

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2 comentarios

  1. ¿Qué sería de la vida sin sus putadotas? ¡Nojoda, Martina!... Disfruta de tus palabrotas, que la cápsula del tiempo hay que abrirla de una vez por todas, y así, pelear la tragedia de toda la vida: la del tiempo que no pasa, sino que nos pasa por encima. ¡Ánimo, carajo!... Un abrazo regalado.

    El burlador de Las Cocuizas

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