Reflexión, confesión o simple desahogo

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Llevo un par de días de esos que te quedas pensando: ¿Qué está pasando? ¿Nos invaden los extraterrestres? De esos que todo sale mal, todo el mundo está contra ti y acabas extasiado de dar explicaciones.

Siempre he sido una persona complaciente. Me gustaba agradar. Tener siempre a mano algo que la gente pudiera necesitar, una aguja, un hilo, un analgésico. Lo que hiciera falta para que los demás se sintieran a gusto. Puede que este post no sea políticamente correcto. Te voy a contar mi experiencia vital y mi opinión personal. No estoy en posesión de la verdad absoluta y puedo equivocarme, pero es mi percepción del mundo que me rodea.

Hace cuatro años dejé de ser yo misma para siempre. Estaba embarazada de una niña, en una revisión rutinaria en la semana 38 no le encontraron el latido y ahí empezó mi calvario. Parto vaginal en estado de shock, guardar todas las cosas de su habitación, ya preparada, salir del hospital con las manos vacías y pasar un postparto completo pero sin bebé.

No sé cómo han superado las demás mujeres que han pasado por ello, algo así. No sé si en estos casos hay un comportamiento “normal” o no. Sé lo que me pasó a mí.
Me enfadé, me enfadé mucho con el mundo. Ver otra mujer embarazada o con un carrito me producía tanto dolor que me mareaba.

Me encerré en casa a lamer mis heridas, me rodee de muy poquita gente y lloré, todo lo que pude. Todavía lloro. Después de la baja por maternidad tuve que volver al mundo real. Al trabajo. La única manera para sobrevivir al día a día fue economizar mi energía. Tenía muy poquita para mantener un estado de serenidad, si alguien venía con sus problemas y la destinaba a escuchar, me suponía quedarme abatida y llorar, llorar mucho.

Así que me fui aislando. Concentrada en mí y en mi bienestar. Pasado el tiempo del duelo, la gente empezó a tacharme de borde, porque no estaba disponible para escuchar sus chorradas. Y de borde pasé a ser engreída y soberbia.

Han pasado cuatro años, no me considero ni mejor ni peor persona que nadie. Me considero una más de la masa. Soy selectiva, la gente en general me suele producir rechazo. Me gustan mucho las personas que tienen inteligencia emocional y ven el mundo de otra manera. Soy sensible y ciertos comportamientos me dañan. Me gusta ser honesta, decir lo que pienso sin agredir y no doy palmaditas. Creo que el ser humano debe ser fuerte.

Pero el mundo se empeña en moldearme como un trozo de arcilla. Hace bien poco me ha pasado en una red social. Te crees en posesión de la verdad absoluta, tienes que moderarte, ser comedida, y bailar al son de la música que marcan los demás. Dar mucho jabón y decirles a los demás solo lo que quieren oír. Así serás mucho más feliz, vivirás en sociedad y tendrás muchos amiguitos. Estas son algunas de las afirmaciones que leí ayer. Lo malo es que por las noches cuando te mires al espejo no sabrás quien eres. De verdad, no podemos vivir en función de los demás. Actuar como ellos esperan que actúes. Opinar lo que la mayoría ¿Por qué? Dejarme ser y vivir, porque no le hago daño a nadie. No os preocupéis tanto de mi vida y centraros en la vuestra (esto va dedicado a la panda de “docentes” que me vapulearon ayer en un grupo de Facebook por contradecir sus opiniones, tuve que soportar infinidad de comentarios del tipo: Eres tal, eres cual, como debes comportarte, ser, opinar, hasta el punto de echarme del grupo como una apestada. Y esa gente tan justa está educando a nuestros hijos. Tuve que leer el comentario de una profesora del sector público, que decía que no conocía a nadie fuera de la educación que trabajara cinco horas seguidas con solo media hora de descanso para tomar un café y sin poder hablar con compañeros. Y exploté, porque las injusticias desde posiciones privilegiadas me pueden…)

Sinceramente, no tiene importancia es un grupo virtual de una red social. Pero si lo extrapolo a la vida real, si es importante. Defended vuestra esencia, esa que os hace únicos. No perfectos, pero sí únicos. Con aciertos y errores, virtudes y defectos, pero fieles a vosotros mismos.
Yo no soy perfecta, pero a pesar de todo lucho cada día por ser feliz. Siempre te llevo conmigo pequeña…Gracias.

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