Amor a golpes

By 7:42 ,


Sara llevaba dos años separada. Al principio le costó adaptarse a su nuevo estado civil. Tuvo que acostumbrarse a la soledad. Tuvo que cambiar sus hábitos de vida y poco a poco recomponer un corazón roto. Lo estaba consiguiendo. Había perdido algo de peso, se había cambiado el color del pelo. Tenía un trabajo para pagar sus gastos y un grupo de amigas para salir y no sentir que la vida le daba de lado. Empezaba a sonreír, a divertirse. Pero añoraba la vida en pareja.

Una noche salió con unas amigas a cenar. Después irían a bailar. Aburrida decidió volver a casa. Sonó el teléfono, un amigo le invitaba a tomar una copa y se dijo: por qué no. Y esa decisión sin importancia cambió su vida. Al llegar al bar, estuvo un rato con su amigo y conoció a Marcos. Más joven que ella, era todo un seductor. La sacó a bailar y la química entre ellos era más que evidente. El amigo se fue y se quedaron juntos. Así comenzó una relación como tantas otras. Él vivía con su madre, en paro, dedicaba sus días a ir al bar, a fumar porros con los colegas en el parque y a ver el futbol. No tenían nada que ver entre ellos, Sara trabajaba ocho horas diarias en una oficina. Le gustaba leer. Era ordenada, metódica e inteligente. Nadie entendía que hacía con una persona tan joven y diferente a ella.

La necesidad de estar con alguien hizo que eligiera al peor. Sin darse ni cuenta, Marcos vivía en su casa. Invitaba a los amigos a jugar a los videojuegos y a colocarse. Sin darse cuenta también, empezo a vivir controlada. Por la noche le confiscaba el móvil, revisaba las llamadas y los mensajes. La obligaba a enviarle fotos para demostrar que estaba donde decía que estaba. En el trabajo, en el atasco. Si llegaba tarde la acusaba de haber estado con otro. De haber quedado con su exmarido, de engañarle. Comenzaron los gritos, los empujones. La encerraba en la habitación. Le rompió el portátil de un puñetazo. Comenzaron las llamadas al trabajo cuando no cogía el móvil. Los insultos, las vejaciones, las amenazas. Si me dejas mato a tu perra. Los llantos, los "no volveré a hacerlo" Sara se apartó de la familia y amigos para no preocuparlos. No dormía, no comía. Físicamente se notaba que no estaba bien. Empezaron los cuchicheos en el trabajo.

Llegó el primer bofetón y sin saber ni cómo, estaba tan anulada que se creyó las amenazas. Muerta de miedo y pensando que no había salida, tomó la peor decisión que pudo tomar. No pudo más. No supo como pedir ayuda. Y la gente de su entorno no supo como ayudar. La familia intervino tarde.

Esto no es un microrrelato. No es ficción. Es una historia real. Probablemente, la misma historia que estarán viviendo ahora mismo muchas mujeres. La violencia de género deja señales. Es muy importante no mirar para otro lado. Sara no supo pedir ayuda, pero se les puede ayudar de muchas maneras. No deis la espalda al maltrato. Entre todos podemos pararlo. Educa a tus hijos en el respetuo mutuo. Terminemos con la violencia machista desde la base. Denunciemos, ayudemos a las víctimas. Evitemos más muertes. Hoy, un recuerdo especial para todas aquellas que el amor les supuso la muerte. #Niunamenos

No dejes de leer

3 comentarios

  1. Desgraciadamente es real como la vida misma, muy duro :-(

    ResponderEliminar
  2. Desgraciadamente es real como la vida misma, muy duro :-(

    ResponderEliminar