Secuestro

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“Me llamo Anna y van a matarme” Los trazos de las letras eran temblorosos. Evidenciaban que la persona que las había escrito estaba aterrorizada. La foto era espeluznante. La mujer sujetaba el cartel con la cara reventada. Un hilo de sangre resbalaba por la comisura del labio. Tenía el ojo hinchado de un color morado tan oscuro que parecía negro. Rachel no dejaba  de pensar las barbaridades que le habrían hecho. La rabia se apoderaba de ella al mirar su semblante de horror.

—Han contactado con la familia. Les han dado 24 horas para pagar el rescate o aparecerá en alguna cuneta—Dijo el inspector Suarez mientras miraba a Rachel de reojo. Estaba tan tensa que la vena de la frente le iba a explotar. No podía evitarlo, siempre pendiente de ella.
— ¿Les han dicho dónde se producirá el pago?
—Por ahora no. Volverán a llamar. Pero hay algo en todo esto que no me cuadra. No ha habido el típico aviso de si llamáis a la policía les matamos. Saben que hemos pinchado el teléfono.
— ¿Habéis registrado la casa de la chica?
—Sí, ninguna pista fiable. Nada fuera de lo normal. Al salir de casa, camino del trabajo desaparece su pista. Nadie ha visto nada. No llegó a la parada del autobús.
— ¿Por qué ella?—Preguntó en alto Rachel.

—Creo que puedo responder a esa pregunta—En ese momento entraba Steve en la sala precipitadamente. Le faltaba el aliento—Esta bonita mujer tiene una relación en secreto con alguien importante. Me lo ha contado su mejor amiga, con la promesa de llevarla algún día al cine.
Suarez soltó una carcajada y dijo:
—Eres un conquistador nato.
—Nunca estaré a tu altura, lo sabes—Contestó Steve con sorna.
— ¿Podemos dejar la puta testosterona y centrarnos en el caso?—Exclamó Rachel.
Ambos la miraron y se pusieron serios.
—Perdón. Anna es la novia secreta del hijo del presidente.
Todos se miraron con preocupación. Si ese dato saltaba a los medios, estaban perdidos.
—Rachel, tú tienes un amigo en el servicio secreto. Va siendo hora de llamarle—Dijo el comisario.

Ella temía ese momento. No estaba preparada para volver a hablar con Dave. Pero sabía que no tendría otra opción. Miró a Suarez que apretaba los dientes. Tampoco era plato de buen gusto para él. Sacó el móvil y se dio cuenta que le temblaba la mano…

(Nuevo proyecto)

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