El cambio

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Que, ¿Cuándo cambié? Cuando me mataste en vida. Cuando tuve que reinventarme para sobrevivir al dolor. Porque el dolor en sí no mata. Pero la tristeza poco a poco va devorándote por dentro, hasta quitarte las ganas de vivir. Entonces, entra en escena el cinismo, la amargura, y te conviertes en un ser ruin. Ruin, porque le deseas el mal a otro ser humano. Porque deseas que sufra tanto como tú. Que le hagan el mismo daño. Porque quieres vengarte y te visualizas haciendo un sinfín de barbaridades que no se pueden ni confesar. Hasta que un día, sin darte ni cuenta, la rutina, el trabajo, los amigos, mueven tus engranajes y vives de nuevo. Sonríes y tienes ganas de hacer, conocer, probar…

Y cuando piensas en esa persona, todavía duele aunque con menos intensidad. Y entiendes que ese dolor no va a desaparecer nunca, porque fuiste capaz de amar de verdad, de forma desinteresada e irracional.
Luego con los años, con el paso del tiempo y observando todo con perspectiva, descubres que estás deseando que la vida vuelva a colocar a esa persona delante de ti, no para abrazarle, o para decirle que le echas de menos. Para tener la oportunidad de mandarle a la mierda como es debido, pues no te dio la oportunidad de hacerlo, y eso, reconcome por dentro.

Se puede mandar un email, pero la satisfacción de ver su cara, después de los años y sin entender nada, es impagable. Y tú, pudiendo hablar sin la vulnerabilidad que otorga el sentimiento de apego, y decirle las cuatro cositas que llevas macerando dentro. Demostrar la persona en la que te has convertido, con la seguridad que da la madurez, y la belleza que concede la serenidad, mirarle directamente a los ojos y decir:

Perdona, solo quería decirte que eres el hijodeputa más manipulador que conozco. Que no tuviste la valentía de comportarte como un hombre, cargándome a mí tus culpas y que lo único que te deseo es que ese ego tan grande que tienes, que te hace tener tu propia orbita, te haga quedar ante la gente como realmente eres y que de una vez por todas pierdas la máscara de buena persona. Porque nunca lo fuiste.

Darte la vuelta, y caminar despacio, paladeando esa pequeña victoria. Que es solo tuya, pero que te mereces como nadie. Yo, todavía no he tenido la oportunidad de hacerlo, espero que el destino me la conceda…

(Es ficción o tal vez no)

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