Suicidio

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                                                                                                                                                   Fotografia: Gregory Crewdson

Sentada en el sofá, barajo mis posibilidades. De nuevo la lágrima resbala por la mejilla, de nuevo la angustia y la desolación. Infinidad de parejas, infinidad de engaños. El corazón lleno de remiendos, entregado una y otra vez. Ninguno supo cuidarlo como merecía, me lo devolvían cada vez más destrozado. No puedo más. No sé vivir sola y no me queda corazón que entregar.

Pero no muero, no sé que pasa. No quiero vivir sin corazón. Podría usar un cuchillo, ¡no! La sangre me aterra. ¿Pastillas? Umm, quizá…¡no! ¿De donde las sacaría? Sin receta, ir a la farmacia en este estado…descartado. Imagino mi cadáver flotando, con un camisón blanco, pálida y bella. Pero, ¿donde? No tengo piscina, ni mar, ni río, ni embalse cerca. ¿En casa? Puf, pobres muebles, todo destrozado. Ya no podría dárselos a Laura, siempre le gustaron.
—¿Si?
—¿Qué haces?
—Pensaba en ti.
—¿Estás bien?
—Me ha vuelto a pasar, Laura. Han vuelto a engañarme.
—¡Qué le zurzan! Nunca me gustó para ti. Arréglate que salimos, voy a buscarte.

Habrá que posponer el drama para mañana...

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