De cine

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                                                                                                                                               Imagen: Henri Cartier-Bresson


"Siempre nos quedará París" la frase rebotaba en mi cabeza cual balón de baloncesto. Frase mítica de aquella película que ahora no recuerdo...
Mentira, como casi todo en el cine.

El tiempo pasaba y no regresabas, el trabajo te absorbía. Sola, la desesperación se hacía cada vez menos soportable. En tu última carta decías que no volverías, que no era por mí, que por fin habías decidido mirar por ti. Por fin, como si nunca hubieras dejado de hacerlo...

En tu trabajo me dijeron que habías abandonado Berlín. Habías renunciado y no sabían tu paradero, pero el sello era inconfundible. Estabas en la ciudad de la luz y a mí me dejabas a oscuras. No sé de donde me salieron las ganas, pero compré el billete para el día siguiente. No te lo iba a poner tan fácil. Quería tus "porqués" mirándome a los ojos. Tonta de mí, pensé que así sufrirías solo tú y no ambos. Al final no me hicieron falta, te encontré como el sabueso encuentra el hueso. Tú olor o mi cabezonería me llevaron hasta ti. Y allí estabas, en brazos de otra. El tiro fue certero, derecho al corazón.

Hubiera sido mortal, si en ese momento, no hubiera conocido al que hoy colma mis deseos. Mientras yo contemplaba mi escena, él contemplaba la suya. Al percatarse de mi dolor y rabia, lo único que se le ocurrió para distraerme fue cantar "I singing in the rain" y dejé de verte. Ya no estabas, solo él. Porque en cuestión de segundos, cambia el plan, el pensamiento, el sentimiento y sobre todo: la película.

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4 comentarios

  1. Que historia más positiva, empieza triste pero me gusta como acaba, jeje.

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    1. Siempre intento dar un hilito de esperanza, porque siempre la hay. Besos!

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  2. Y q verdad, la vida te puede cambiar en cuestión de segundos!!!!besitos preciosa

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