Infierno

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¿Quién me iba a decir que acabaría en el infierno? Y lo más importante. ¿Qué el infierno existía? Pero aquí no hay diablos, ni ángeles. Ni buenas o malas acciones...No hay nada, salvo tu propia conciencia, recordándote una y otra vez, las oportunidades perdidas. Algunos me definieron en vida como prudente, ahora se que no fue prudencia, fue solo miedo. Tengo otra definición más acorde para mí mismo: gilipollas, pero cómo no es políticamente correcto, lo dejaremos en imbécil.

Esta mañana me ha contado la persona que hay al otro lado de la pared, que no estamos solos. Somos millones de almas, cada una con su propio infierno. Aquellas que culminaron su vida satisfechos con ella, no están aquí. Pero no han querido decirme dónde están. Tampoco que sucederá. ¿Estaré así para siempre? Recordando a Julia. Nunca quise nada serio con ella y cuándo me arrepentí, era feliz al lado de otro. O acordándome de aquel puesto que rechacé en Londres, porque el salario era menor. O de las veces que no dije: "Te quiero" "Lo siento" "Te necesito".

No llevo ni un día y no lo soporto más. ¿Por qué fui tan idiota? ¡¿Por qué?!...

—¡Carlos! ¡Carlos! ¿Te encuentras bien? Te has desmayado. ¡Dime algo cariño! ¡Llamen a un médico!

—Estoy bien, tranquila. Solo un poco mareado.

—¡Qué susto me has dado!

—Lo siento, lo siento de verdad, Julia. Te quiero, te necesito, quiero pasar el resto de mi vida contigo. Qué nos vayamos a Londres, mi vida.

—¿Te has golpeado la cabeza?...

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